SALAMANDRAS

Ray Bradbury pintó un universo muy optimista en su novela “Fahrenheit 451”
Para quien no la conozca, decir que es una historia en la que, en un futuro distópico heredero de “1984”, una autoridad tiránica persigue los libros en plan policía del pensamiento y ordena quemarlos. De hecho, el protagonista es un Salamandra, un bombero armado con un lanzallamas cuya única función en la vida es quemar libros.
¿Que por qué digo que ese futuro es muy optimista? Pues mirad a vuestro alrededor y lo entenderéis. Me explico:
Bradbury se lo pone fácil al lector creando un mundo en el que la gente quería leer pero no podía, porque la Autoridad Suprema no la dejaba. No hay nada mejor que tener un mando por encima de ti diciéndote que no puedes hacer algo para que tú quieras hacerlo con más fuerza. Así, en un mundo como el de la novela, surgen enseguida disidentes, gente que esconde libros como si fueran alijos de droga y trafica con ellos (¡qué idea tan romántica!). Gente que, en resumen, se opone al poder y a la policía del pensamiento haciendo lo que más les jode: librepensar.
Pero mirad por un segundo al mundo real, ese que hay más allá de vuestro móvil. La gente ya NO QUIERE leer. Y no porque les obligue una autoridad despótica a ello, sino por propia elección. Por doquier se ve a gente que se enorgullece de que ya se ha quitado la presión de leer libros de encima, y como esta sociedad le arropa, lo proclama con orgullo a los cuatro vientos. En el metro o en el autobús vemos cada vez menos libros en las manos de la gente, y más pulgares haciendo ese movimiento rítmico de subir y subir interminables páginas de facebook. La gente no saca libros a la calle, no se sienta en bancos del parque, no los lee apoyada en las columnas de las estaciones de bus. El poco tiempo que dedican a la lectura se los consume, todo, las redes sociales.
La profecía de Bradbury se ha hecho realidad, solo que con un matiz terrorífico que ni siquiera el maestro llegó a predecir: la gente no lee no porque la obliguen a ello, sino porque no quiere. Porque ha sido instruida para ocupar su tiempo en otras cosas que les exija menos esfuerzo mental. En el mundo distópico de Fahrenheit 451 el tirano OBLIGABA a punta de pistola a no leer a un pueblo que sí quería hacerlo. En nuestro mundo real, la distopía ha florecido justo por lo contrario.

de lordofthemetaverso

ESTE LIBRO ES UNA BASURA

Cuando yo era joven (más joven, je je) y me compraba un libro que no llegaba a entender, no le echaba la culpa al libro. Primero me preguntaba si no sería yo quien no estaba a la altura, y si carecía de los mecanismos o de las referencias culturales necesarias para entender la trama. Luego, si veía que en efecto sí que poseía esas referencias y que era el libro el que estaba mal construido, entonces lo tildaba de malo, y le decía a mis amigos que no se lo compraran porque no merecía la pena.
Hoy en día, las corrientes de opinión que se generan en la Red sobre los libros no pasan por ese estadio de “auto análisis del lector”, sino que van directamente a criticar el libro. Hoy, un lector frustrado porque no ha entendido un libro o no ha logrado engancharse a los personajes no se pregunta si en realidad es fallo de él, porque como lector no da la talla, sino que automáticamente le echa la culpa al libro. “Es que este libro es una mierda”, suele ser una frase muy común en los foros de “crítica” (fíjense cómo lo entrecomillo) literaria. “Es que la trama es un lío y no me gustaron los personajes”. El lector no es el culpable de no llegar a un listón mínimo, que es el que a lo mejor el texto exigía, sino que el culpable es el libro porque no está a su nivel.
Este es un mal endémico de Internet que cada vez se extiende más. Y las culpables de esto, por supuesto, son las editoriales, pues durante las últimas décadas han ido rebajando el nivel literario de los libros para adaptarlos al lector masivo, ese que no se esfuerza nada y quiere que se lo den todo masticado, en lugar de intentar elevar el nivel medio de calidad de ese lector. Es la obra la que se rebaja para adecuarse a las exigencias de un público que cada día tiene menos nivel intelectual, y no al contrario. La propia Academia Española de la Lengua, con sus reformas de las leyes ortográficas tendentes a la simplificación, refuerza esta tendencia (¿Quitarle el acento al “solo”, en todos los casos? Claro, rebajemos le nivel del diccionario en lugar de subir el nivel de los escribientes, así habrá menos faltas de ortografía). La consecuencia de haber criado a un tipo de lector aborregado y MacDonaldista que está acostumbrado a que los libros estén prefabricados pensando en él y en su nivel intelectual, es que cuando ese lector paga 17 euros por un libro y no lo entiende, no se haga ni una mínima autocrítica (porque claro, la culpa no es suya, hasta ahí podríamos llegar); es que el libro es muy malo. Es el libro el que está mal escrito por ser demasiado complejo para un lector como él. Claro que sí.

de lordofthemetaverso

I.R.I.s

Vivimos en un mundo con un gran acceso a la información, al menos en países como España. El poder tener un aparatito que ponga en tu mano en cualquier momento el conocimiento universal, o al menos una forma rápida de llegar a él, es uno de los grandes inventos de la humanidad, quizá incluso mejor que el bocata de chorizo. Eso ha generado un nuevo término, el del “hombre expandido” (y mujer, no se me ofendan las chicas) que viene a significar el hombre con acceso total a una dimensión extra de conocimientos que lo expande y mejora. Ahora bien, de toda la gente que habita nuestra sociedad, la realidad es que sólo unos pocos son “hombres expandidos”, y la mayoría son “I.R.I.” ¿Que qué es un IRI? Lo explico a continuación:
Cada vez hay más gente, tanto joven como mayor, que no se molesta en memorizar conocimientos porque se supone que están ahí, a su alrededor, flotando en la nube. Como la gente ha aprendido que puede acceder a ellos en cualquier momento, no se molesta en memorizar una base mínima de datos, sino que lo que hace es refinar unas estructuras y mecanismos de búsqueda para llegar a esa información con un mínimo esfuerzo. No son enciclopedias, sino buscadores. Ese fenómeno se ve cada día más sobre todo en la gente joven, la cual, frente a cualquier pregunta, acuden al móvil para que Google se las resuelva. ¿Es bueno esto? ¿Ese ese buscador humano un ser humano más eficiente que el que almacena conocimientos por sí mismo, sin depender de una fuente exterior? Mi tesis es que no. La cosa es que si tú no memorizas nada, entonces no dispones de un punto de partida desde el cual tender los rayos centrífugos de búsqueda de la información. En otras palabras: que aunque la información esté ahí y te rodee, si tú no sabes que esa información existe, no generarás ni el interés ni siquiera el conocimiento de que debes buscarla. Un ejemplo: la mayoría de la gente desconoce cuántos planetas con anillos tiene nuestro sistema solar. O qué pueblo europeo fue el primero en llegar a América. Si no tienen de antemano unos conocimientos previos que les induzcan a pensar que no sólo Saturno tiene anillos, o que Colón no fue el primero, ni siquiera se molestarán en ir a buscar esa info. El hombre expandido es el que ya es culto de por sí, y usa la nube de datos de Internet para expandir esa cultura. El que no sabe nada y confía en que los datos están ahí, y sólo tiene que apretar un botón para llegar a ellos, está cayendo en una trampa mortal, pues aunque tenga buenas herramientas de búsqueda no sabrá ponerle un punto de partida ni un objetivo a esa búsqueda. Es un IRI, o “Inculto Rodeado de Información”, cual Eloi pastando en un campo de hierba. ¿Ah, que no sabes lo que es un Eloi? ¿A que jamás se te habría ocurrido buscarlo?

de lordofthemetaverso

VOLVIENDO A CARGAR EL SPACE OPERA

Volviendo a cargar los grandes escenarios en mi cabeza, volviendo a cargar las estrellas, volviendo a cargar los valles de un millón de soles y los atardeceres trufados de supernovas. Volviendo a cargar el sentido de la maravilla, los conceptos nunca imaginados y la tecnología jamás soñada. En resumen, volviendo a cargar el space opera. Y esta vez va a ser más grande y más bestia que nunca antes.
Os vais a cagar.

ka boom

de lordofthemetaverso

TEMBLAD, MALDITOS

“Quiero que me entierren allí”, les dijo Robin Hood a sus alegres pillastres mientras lanzaba una flecha al azar dentro del bosque. La leyenda de Robin no estaría completa sin esa flecha que marca el lugar de su tumba, así como tampoco lo están las de muchos otros personajes míticos. A veces sientes lo mismo como escritor: sientes llegar el miedo de que los mejores años ya hayan quedado atrás, y que tus mejores novelas ya hayan sido escritas. Pero entonces miras hacia el futuro y te das cuenta de que no, de que lo mejor de tu carrera sigue estando guardado dentro de tu pluma. ¡Temblad, malditos, porque a mi revólver aún le quedan muchas balas! ¡Jua jua jua!

de lordofthemetaverso

STAR WARS , EPISODIO VII (2)

Conversación entre Kathy Kennedy y J. J. Abrams el primer día de trabajo sobre el guión del Episodio VII:

Kath: Oye, que me tienes que empezar a escribir el guión del regreso triunfal de SW. Venga, ponte a ello.
J.J.: ¡Gracias! He estado esperando esto toda mi vida. Me voy a esforzar porque sea una película madura e inteligente que…
Kath: De eso nada, que tiene que gustar por igual a los de cuarenta años y a los niños de seis. De inteligente nada. Quiero un guión que sea una sucesión de escenas de risas y acción cada tres minutos.
J.J.: Bueno, habrá entonces que explicar cómo es el nuevo marco político que rige la galaxia y…
Kath: Olvídate. Lucas lo intentó en la anterior trilogía y todos los fans le dijeron que era un coñazo. Lo más cerca que vamos a estar de la política en esta peli es ver a un Hitler de poca monta soltando un discurso histriónico a sus soldados. Nada más.
J.J.: Eh… bueno, está bien. Pues me voy a reunir con Kasdan para crear al villano más molón jamás visto en SW y…
Kath: Iros al cuerno con eso. El malo tiene que ser un adolescente malcriado con máscara. Que cada vez que se coja una rabieta se ponga a destruir consolas y material valorado en miles de créditos con su sable, que ese es el paradigma de malvado que entienden los niños y los adolescentes.
J.J.: Este… ok. Tú mandas. Pero los adultos nos van a destrozar con sus críticas.
Kath: No, los adultos van a estar tan contentos de ver a sus héroes de siempre que el entusiasmo no les va a dejar analizar la película. Pasarán al menos dos años antes de que se les baje el subidón y se den cuenta de que la peli es una mierda palomitera, pero para entonces tú y yo ya seremos ricos. Tú limítate a hacer lo mismo que hiciste con las de Star Trek que para eso te he contratado.
J.J.: Oído cocina, jefa.
Kath: Mira, ¿sabes lo que te digo? Copia y pega con el WORD el guión del Episodio IV y mándamelo mañana, que yo le hago un par de cambios y a volar.

de lordofthemetaverso

STAR WARS, EPISODIO VII

episodio 7

Atención, peligro: abundantes spoilers en las líneas que siguen. Si no has visto la peli, por favor no sigas leyendo.

Narrada o construida desde hoy, la space opera no debería obedecer a los mismos cánones constituyentes a los que respondía en los años 30, por más que esté basada en aquella época. El poso de referencias culturales y miedos a lo desconocido (entendido esto último como los “misterios” de la tecnología y lo extraño) de los que brotaron héroes como Buck Rogers o Flash Gordon puede que estén en la raíz de los modernos space operas, pero no deberían en ningún modo ser sus guías. El mundo ha cambiado. La fantasía también.

Cuando anunciaron que una mujer tan conservadora como Kathy Kennedy se iba a quedar al mando de la franquicia de Lucasfilm, temí lo peor. Y lo temí porque soy una persona a la que le gusta mucho la fantasía, y sobre todo la fantasía espacial. Durante meses recé para que esta gente tuviera el valor de ver más allá de lo que había caído en sus manos (para ellos, un simple universo de space opera para niños), y buscara activamente lo que podríamos denominar el “puntito Pixar”, es decir, el equilibrio entre cine para niños y para adultos que satisfaga por igual a ambas partes. Después de ver la película, y aunque me he divertido mucho y me ha gustado, he de admitir que no lo han conseguido. De hecho, todo apunta a que ni siquiera se han molestado en buscarlo.

No voy a intentar crear polémica intentando comparar Star Wars con lo que sin duda NO es. No voy a decir que me hubiera gustado que fuera más parecida a Battlestar Galactica 2003, en su acercamiento sofisticado y adulto, porque esta saga no va de ese palo. Tampoco voy a esperar de ella un cine experimental que beba de las miradas germánicas de Browning o Murnau, siguiendo las leyes de claroscuros expresionistas, porque esta saga tampoco va de eso. Pero sí que es cierto que un space opera puede hacerse de dos maneras: bien y mal. Y por desgracia, el balance final de esta película se acerca más a la segunda nota que a la primera. Y os lo voy a demostrar en los siguientes párrafos.

Voy a decir primero qué es lo que sí me ha gustado, lo positivo. Que esta película lo tiene, y mucho. Salí del cine con la sensación de haberme divertido mucho, y de haberme reído cantidad, pero eso ya me lo esperaba a tenor de las anteriores incursiones de J. J. Abrams en el space opera. Justo antes de ver SW 7 hice un vaticinio en las redes sociales que venía a decir lo siguiente: que esta película sería exactamente igual a las dos de Star Trek que dirigió Abrams, con todas sus virtudes y todos sus defectos. Y no me equivoqué. Cuando la ves, obtienes una gratificación inmediata como espectador en forma de entretenimiento, risas y alguna que otra sorpresa. Y no es fácil hacer eso. En el plano meramente superficial, el que atañe a los sentidos más básicos del ser humano, la película de Abrams triunfa de largo, marcándose unos buenos tantos. Sales contento de ella porque las dos horas y pico se te han pasado en un suspiro. No es poco, dado el nivel que muchas de estas superproducciones tienen hoy en día (¿verdad, señor Michael-Transformers-Bay?). El problema viene cuando te detienes a analizar con calma lo que has visto, y llega la inevitable pregunta: ¿es el Episodio VII un buen o un mal space opera?

Entre las mejores cosas está el reencontrarse con viejos amigos. Sobre todo con un personaje intemporal que jamás envejece y que, por eso mismo, sigue conservando intacta toda la fuerza  de antaño. No, no hablo de Han Solo, ni de Leia, ni del wookie. Hablo del Halcón Milenario, el único personaje (porque lo es) de la saga clásica que cuando apareció en pantalla hizo aplaudir a rabiar a la platea. Respecto a los personajes de carne y hueso, Ford sigue conservando su sonrisa de seductor, a pesar de las canas, y defiende su personaje como un campeón. Leia… buf. Ella jamás tendría que haber vuelto, y esto es una opinión personal (¿no lo es todo este artículo, acaso?). Carrie Fisher ha envejecido fatal, horrendamente mal, a pesar de todo su botox y todas sus terapias de adelgazamiento, y no tiene la presencia que necesita un personaje de ese calibre, para seguir dándole un aire mítico. En pantalla duele verla, porque parece una momia fósil a la que, para colmo, le han puesto un peinado similar al que lucía cuando era joven. No se me quita de la cabeza la idea de que es una abuela empeñada en ponerse sus trapitos de juventud para parecer menos decrépita. Estos dos personajes se rebelan como las piedras de toque del paso del tiempo, y son los depositarios de ese principio que Freud basaba en el contrasentido de las palabras originarias, producido cuando la angustia y el deseo coinciden en el subconsciente. Solo que la lucha no está en ellos, sino en nosotros, los que los vemos y juzgamos (im)parcialmente.

Los personajes jóvenes me funcionan a ratos, aunque en general la impresión es positiva. Me cae bien Rey, a priori una adolescente que tenía todas las papeletas para ponerme de los nervios, igual que una protagonista cualquiera de sagas como “Los juegos del hambre”, pero al final, fíjese usted, hasta me cae bien. Quizá porque me recuerda a Nausicaa, no la de Homero sino la de Miyazaki, con una primera escena en la peli que parece clavadita a la del cómic del maestro nipón. Finn también me gusta, con esa lucha interna en un principio espoleada por el individualismo pero que termina convirtiéndose en filantrópica por obra y arte de esa fuerza del universo tan imparable: el amor. Pasa de ser un personaje que sólo piensa en sí mismo a uno comprometido con una causa, aunque esa causa sólo les ataña a él y a su amada. Me gusta ese principio rector, aunque es verdad que nunca se nos explica por qué Finn es distinto al resto de sus compañeros de pelotón, y por qué con él no funcionó la terapia lavado-de-cerebro que sí convirtió a sus hermanos en máquinas de matar descerebradas. Queda ese agujero en su historia y en su perfil de personaje como una herida de bláster. De los demás personajes… mejor les hablo luego.

El ritmo, como cabía esperar, es frenético. Quizá demasiado. Quizá el director y los guionistas estén tan atrapados por el esquema de “un subidón cada dos minutos” que impera hoy en día en Hollywood, y por eso no han tenido oportunidad de desarrollar más los personajes entre explosión y explosión. Pero bueno, se lo vamos a perdonar porque aquí vuelve a mi mente el nombre de Kathy Kennedy, y prefiero no pensar en que esta película es totalmente una obra de Productor. Vosotros juzgaréis si lo es o no. Yo prefiero no entrar a juzgar eso.

¿Y lo malo? Lo malo viene ahora.

Antes dije que la semejanza entre este filme y los Star Treks de Abrams eran evidentes, para lo bueno y para lo malo. Lo bueno es que son muy entretenidos. Lo malo es que casi todo lo demás falla, dejándonos obras de usar y olvidar muy propias de la concepción moderna de “cine de entretenimiento”. Si uno se pone a analizar el guión y los detalles de la película con un poquito de mimo, se da cuenta de cosas como las siguientes:

a) El villano de esta película, sencillamente, no funciona. Es bastante patético, el chico, pero no en el sentido buscado de alma atormentada y Bestia huérfana de su Bella, sea ésta carnal o conceptual. No, es patético porque el pobre da risa. Si reparásemos en la empolvada peluca bivalva del Drácula de Francis Coppola y se la endosáramos a este Kylo Ren, no nos quedaría el muchacho más cerca de un decaído Casanova felliniano, sino de lo que es en realidad: un payaso cósmico que da más pena que miedo. Se supone que es un tipo tan peligroso como para haber acabado él solito con la Nueva Orden Jedi que quería construir Luke. Y sin embargo… aquí todo el mundo le da hostias. La chica se le resiste al escaneo mental. El capitán del crucero de combate le lanza improperios y se permite el lujo de amenazarlo en público. Incluso a la hora de combatir le vence… ¡un soldado de asalto encargado de limpiar letrinas, que es la primera vez que empuña un sable de luz! Y luego, cuando se enfrenta a la chica-jedi, ¡ésta también le mete una cuerada! Lo siento pero no me vale la excusa de que está herido. ¿Qué clase de aspirante a lord Sith, albacea del legado de Vader, es este personaje, si hasta los limpiadores de letrinas le dan para el pelo? Además, el actor, Adam Driver, da más lástima que miedo cuando se quita la máscara. Puedo intuir los motivos por los que Abrams lo eligió precisamente a él en el casting, y estos seguro que pasan por su parecido físico con Harrison Ford de joven, por todo aquello de que es su hijo… pero el actor deja mucho que desear, la verdad. Al final, cuando el malo maloso dice que Ren tiene que volver a su mundo para acabar su entrenamiento, seguro que se refiere a que el muchacho sólo asistió a la primera clase. Se saltó el resto del curso de “cómo ser un buen villano”(diez créditos) y “esgrima con sables de luz rojos” (cinco créditos).

b) La Primera Orden y su mega cañón cósmico come-planetas. A ver. De dónde sale esta gente. Y por qué la República les dejó crecer y construir su burro-arma sin lanzarles encima todo su ejército. Porque hay que estar ciego para pasar cerca del planeta-estrella de la muerte y no ver el mega cañón. ¿Será que todas las rutas comerciales pasan por la parte de atrás del planeta, y éste nunca rota sobre su eje? La República no es que esté ciega, como lo estaba en los tiempos en que Palpatine era canciller. Es que tiene más dioptrías que Rompetechos. Así se merece ser destruida. Y otra cosa: el cañón en la película dispara dos veces, pero sólo consume la estrella a la que está asociada una. ¿Es que la primera vez no chupó energía de ese sol, o es que era un sistema binario? ¿Será que es un cañón de energías limpias y no polucionantes, que usa potencia geotérmica?

c) La República y la Resistencia: En todas las historias del universo Star Wars post-Retorno del Jedi se dice que la antigua República vuelve al poder y se constituye como el nuevo (y más sano) sistema de gobierno de la galaxia. Sin embargo, aquí no parece tener ningún poder. De hecho hay una Resistencia, como llaman a la nueva Rebelión. ¿Pero resistencia de qué? ¿Contra quién? ¿Qué hace Leia con esta gente y no está ocupando su asiento en la República, o comandando sus ejércitos? ¿Para qué se necesita una Resistencia cuando todavía hay un sistema de gobierno, controlado además por lo buenos, que sigue vigente? Aquí se nota una vez más que la intención de Abrams y sus productores era hacer un remake en toda regla del Episodio IV, duplicando todos sus nodos conceptuales (incluyendo la idea de una Rebelión), aunque aquí su existencia no tenga ni pies ni cabeza. ¿Pero contra quién te vas a rebelar, hijo mío, si tus líderes son los que gobiernan la galaxia?

d) Al principio de la película Poe Dameron es rescatado por Finn. Su caza TIE es abatido y cae en el planeta. Los sistemas de seguimiento del crucero estelar que hay en órbita los rastrean e incluso hay una secuencia en la que una controladora de la torre dice que sabe dónde van a caer. Airado, el general manda perseguirlos y capturarlos porque recuperar a Dameron es absolutamente crucial para poder localizar los planos robados. Pero esa orden tuvo que caer en oídos sordos, porque pasan las horas, el TIE está estrellado y emitiendo una columna de humo que se ve a cien kilómetros, a Dameron le da tiempo de mandarse a mudar, Finn sigue durmiendo un rato más… y los soldados de asalto sin aparecer. Chaval, que hace siete horas que los jefes dieron la orden de ir a por el caza TIE estrellado y allí no obedeció nadie. Me imagino a los stormtroopers del crucero mirando las temperaturas de la superficie del planeta y la hora que es y diciendo: “pufffff… hazte el loco a ver si el jefe no se da cuenta, que el solajero que hay allí abajo es criminá”. Seguro que era un crucero espacial español.

e) El personaje de Leia sigue siendo el mismo que al final del episodio VI, lo cual demuestra que ha alcanzado su techo. Pero el de Han Solo no tiene ningún sentido. A ver. Se supone que Han Solo era así, como te lo pintan en esta película, al principio del episodio IV. Era un canalla encantador y un trapicheador de cuidado, que se ganaba la vida con sus chanchullos y se reía de todo y de todos. Era un Errol Flynn del espacio. Pero luego este personaje se convierte en general de la Alianza Rebelde, se compromete con una causa, y evoluciona. Tras destruir la segunda estrella de la muerte se supone que se casa con Leia Organa, que es nada menos que una líder planetaria de rancio abolengo, y él pasa a ser una primera figura pública. Y sin embargo, el Han Solo que vemos aquí es exactamente el mismo personaje de “Una nueva esperanza”. Es divertido reencontrárselo, y nos hace mucha gracia con sus chistes, pero no tiene ninguna lógica. Es como si para él los episodios cinco y seis jamás hubiesen ocurrido. ¿Qué clase de arco argumental es ese para un personaje?

f) Luke Skywalker. ¿En serio me dices que este hombre, que derribó un Imperio, mató al mayor y más peligroso Sith de la galaxia, destruyó una estrella de la muerte él solito y aguantó todos los trucos mentales de Yoda… se retira al exilio porque un estudiante le sale rana? ¿Y encima ese estudiante es nada menos que Kylo Ren, el que se matriculó en el curso de espadachines jedi y sólo asistió a la primera clase? ¿El mismo Kylo Ren al que le fostia incluso un stormtrooper de intendencia que es la primera vez que agarra un sable de luz? A ver si lo he entendido bien, porque aquí hay algo que tiene que estar mal. Seguro que esta parte de la película la vi medio dormido. ¿En serio, Abrams, Kasdan, me estáis intentando vender que el mismísimo Luke Skywalker que derrotó a Darth Vader y al Emperador se agarra una depresión y se va al exilio (sin decirles a sus amigos dónde se mete, ya podría haberles dejado más que fuera un mensajito en le contestador)… porque el inútil de Kylo Ren le desmonta él solito su sacrosanta Nueva Orden Jedi? ¿Pero qué clase de personaje es ese con el que estáis jugando? Desde luego, no esperaba yo eso del Luke de las tres primeras pelis, la verdad…

g) Toda la parte del entrenamiento jedi en Dagobah que ocupa buena parte del metraje del “Imperio contraataca” fue una milonga. En realidad no servía de nada, absolutamente para nada. ¿Para qué te vas a pegar años entrenando, jedi, si basta con que cierres los ojos y confíes en la Fuerza, como hace Rey al final de la película, para que ya te entre todo el poder jedi hasta por los poros, y sepas hasta combatir con sable de luz al más alto nivel? ¿Por qué Yoda no le enseñó a Luke el truquito este de “cierra los ojos un instante, hijo mío, y te conviertes en maestro jedi y espadachín de golpe”? Desde luego, pobre Luke. El tiempo que le hicieron perder al muchacho.

 

de lordofthemetaverso

EL PUENTE DE LOS ESPÍAS

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EL PUENTE DE LOS ESPÍAS es la última película de Steven Spielberg, y una muestra más de cómo los gustos y el estilo de este gran creador han evolucionado con el tiempo. Del Spielberg soñador que nos metía de lleno en una realidad donde los aspectos negativos y positivos de la existencia se conjugaban en un tapiz con textura de cuento de hadas, ahora ha pasado a hacer lo mismo pero con historias que se anclan mucho en la realidad, convirtiendo nuestro mundo en el escenario donde esta eterna lucha entre el bien y el mal, la integridad y el deshonor, la codicia y la humildad, tiene lugar.

La película no responde a los cánones del cine comercial de hoy en día. De hecho es muy lenta para según qué tipo de público, y eso se hizo patente el día en que fui a verla porque a medida que avanzaba la proyección las parejitas se iban marchando aburridas de la sala. En lo que duró la película hubo tres deserciones de parejas que se iban con cara de “pero qué he hecho con mi dinero”. Esto demuestra que el cine de hoy no tolera mucho las historias lentas y sosegadas, formato que sí parece haber encontrado su nicho en televisión. Con todo, “El puente de los espías” es una excelente película de abogados (que no de espías, ojo), donde se ensalzan valores como la integridad y la defensa de los principios morales de lo que nos hace ser Occidentales, esos principios basados en el Derecho Romano de los que estamos tan orgullosos y de los que nos olvidamos con tanta facilidad cuando nos conviene.

Es esta una película de conversaciones. Apenas tiene secuencias de acción, salvo una o dos muy aisladas en un metraje, por otro lado, un poco excesivo (dos horas y media son muchas para contar esta historia, se mire por donde se mire). Toda la película se basa en una concatenación de charlas que mantiene el personaje de Tom Hanks con otros personajes, y esto es difícil de llevar cuando eres un director. Spielberg lo resuelve al modo clásico, es decir, llenando el fondo del plano con cosas que están ocurriendo mientras los personajes están sentados hablando, para darle un poco de vidilla al plano: camareras que retiran platos de una mesa, gente que se sienta y se levanta y mira de reojo con aire conspirador a los que hablan en primer plano, una secuencia de un coche corriendo a velocidad suicida por calles heladas… todo ello sirve para dotar de movimiento y vida a planos que de otro modo no serían más que estáticas conversaciones de gente sentada en una silla.

En este tipo de películas se nota que la maestría de la puesta en escena de Spielberg, que siempre ha sido su sello personal, se ha convertido con el paso de los años en algo muy sutil. Tan sutil, de hecho, que parece que no está ahí, aunque sí lo esté. Spielberg ha transformado en buena medida su planificación visual en planificación de actores, y los dirige mejor que nunca. Sin embargo, esto juega en detrimento de la puesta en escena, que sin serlo, parece cada día más plana y televisiva. Yo, la verdad, prefiero al Spielberg pictórico y visualmente apabullante de “La lista de Schindler” o de “El imperio del sol” antes que este Spielberg tan contenido y plano.

La música juega un papel importante en esta película, aunque por motivos extra cinematográficos: es la segunda vez que el director prescinde de la colaboración de su músico de toda la vida, John Williams, dicen que por problemas de agenda. Thomas Newman, de todas formas, no se queda atrás y compone una banda sonora preciosa que, si bien es muy escasa (el porcentaje de música extradiegética que hay en la película no creo que llegue al 10% total), sirve de complemento perfecto a las imágenes, y nos regala unos temas melódicos que hacen que no echemos excesivamente de menos al maestro.

Por último, y aquí viene el gran “pero” de esta película, Spielberg sigue empeñado en retratar la realidad de su tiempo desde el punto de vista de un patriota. Él es un judío americano, y de pura cepa, y se nota en el retrato que hace de su propio país. En su cine, los Estados Unidos no son inocentes y puros, pero siempre salen bien parados de todos los juicios morales como el país más ecuánime y bondadoso de la Tierra. En “El puente de los espías” se dice (pero no se muestra) que los americanos también tienen espías trabajando en el bando contrario. Pero cuando se ve el trato que reciben los prisioneros, Spielberg nos deja claro que son los rusos los que torturan sin piedad, privando de sueño al prisionero, mientras que su homónimo en la prisión estadounidense goza de los mayores privilegios (en una escena donde hay una transición por corte directo, por lo que la comparación resulta insoslayable). Los Estados Unidos del cine de Spielberg no son inocentes pero tampoco culpables; siguen siendo esa tierra mágica de libertad donde hasta el hombre más humilde puede imponerse al Estado si sus motivos son puros. Creo que Spielberg debería de darse un paseito por Guantánamo antes de seguir haciendo este tipo de cine…

 

de lordofthemetaverso
dragonslayer

LA MEJOR PELÍCULA DE FANTASÍA DE LOS 80

Los años ochenta fueron un buen caldo de cultivo para experimentos de género, algunos de los cuales salieron bien y generaron todo un fenómeno social a su alrededor, mientras que otros cayeron injustamente en el olvido. Hoy quiero hablaros de una película que es una rara avis dentro del mundillo de la fantasía cinematográfica, pero que se erige por derecho propio en una de las mejores muestras del cine de género de todos los tiempos: Dragonslayer, que en España aterrizó como “El dragón del lago de fuego”.

Esta película fue un experimento de la Disney por saber si una audiencia más madura que la que generalmente veía sus productos podía ser conquistada sin cambiar el sello de la distribuidora. En otras palabras, si aun teniendo la palabra “Disney” en la portada, podían llegar a vender otras historias que no fueran necesariamente para niños. El resultado: un estrepitoso fracaso comercial y crítico, que destrozó una película que no lo merecía en absoluto.

Hoy en día está de moda la fantasía para adultos. Juego de tronos es el ejemplo más claro, aunque hay muchos más. El tono adulto de series de TV como Daredevil, Galactica 2003 y similares demuestra que el público de hoy está preparado para encajar ese tipo de enfoques. Y el cine no se queda atrás, pues películas como The martian, The matrix o el enfoque asombrosamente adulto que Peter Jackson le dio a la primera trilogía del Anillo demostraron que el público podía respaldar una apuesta exigente a nivel de guión. Esto, por desgracia, no era así en los 80, y menos si el producto venía de manos de Disney y tenía dragones en su argumento.

Vista hoy en día, Dragonslayer es, desde mi punto de vista, la mejor película de género fantástico de los 80. Especialmente por su guión, que de haberse pasado a novela habría dado un libro magnífico. Es precisamente ese enfoque adulto el que la convierte en una rara avis, y motivos no le faltan: la historia del rey cobarde y su demencial lotería de chicas, los magos que ya no son lo que eran porque tampoco quedan ya dragones que sustenten su magia, la historia de la chica convertida en varón para escapar de la lotería, la forma de visualizar al dragón como algo que parece estar relacionado con Satanás y los mitos cristianos, cuando en realidad la bestia demuestra estar por encima de todo eso… y un largo etcétera.

La película, además, no escatima en detalles truculentos, que son los que seguramente echaron a las ofendidas madres de las salas con los niños llorando de miedo. Cuando la princesa muere (spoiler), por ejemplo, y el cazador encuentra su cuerpo, vemos que está siendo devorada por las crías del dragón. Y son una serie de planos muy desagradables, pues se ve literalmente su pierna amputada y siendo devorada a mordiscos. Un plano demasiado fuerte para una película de Disney. Además, este título tiene el honor de ser el único de toda la historia de la Disney que incluye desnudos, uno del chico y otro de la chica protagonista.

La ILM de Lucas hizo los efectos, y Dennis Muren dice en las entrevistas que fue terminar a la carrera esta peli para empatar al día siguiente con “el retorno del jedi”. Todo un tour de force en FX que nos dio un dragón despampanante a nivel visual, sólo superado hoy en día (y gracias a la tecnología y los años que han pasado desde entonces) por los señores de Weta y su encantador Smaug.

En fin, que es una película a recuperar pero ya mismo. Si no la habéis visto, lanzaos. Y si la recordáis vagamente, como en una nebulosa, de vuestra niñez, y tenéis esa sensación de que era una mala película… desengañaos. Es la mejor película de fantasía de los ochenta, solo que tuvo la mala suerte de nacer veinte años antes de su época. Es lo que pasa con los visionarios, que casi siempre acaban crucificados porque nadie los entiende.

 

de lordofthemetaverso