“EL TEATRO SECRETO” EN SPORTULA

Imagen

Y bueno, seguimos de enhorabuena porque mi novela de fantasía onírica, “El Teatro Secreto”, se ha reeditado en formato digital en Sportula. Si os gustan las fantasías tipo “The Sandman”, aquí tenéis mi particular visión de las mismas. ¡Gracias, Rudy!

 

de lordofthemetaverso

EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES

Imagen

La relación de una persona con sus ídolos es compleja. Lo es desde el momento en que admitimos que profesamos una admiración exacerbada por el trabajo de un profesional al que no conocemos de nada, pero al que elegimos idolatrar porque a través de su arte nos regaló algunos de los mejores momentos de nuestra niñez.

Hoy está en boca de todos el varapalo que se ha llevado Lincoln, la última apuesta de Spielberg por el cine “serio” de época, en la entrega de los Oscars de Hollywood. 12 nominaciones podrían haberla convertido en la película más premiada de todos los tiempos, si los hubiese conseguido todos, colocándose así por encima de las tres que tienen el récord con 11: Ben-Hur, Titanic y El retorno del Rey (mi favorita de las tres). Pero no fue así; Lincoln fue aplastada, como todos ya vaticinábamos, por las bondades de filmes como La vida de Pi, los Miserables o Argo.

A Spielberg seguro que le habría gustado estar en esta ocasión al otro lado de la escena que él mismo co-protagonizó en 2003, cuando salió al escenario al final de la ceremonia para abrir el sobre a la mejor película del año. Cogió el sobrecito, lo abrió, y dijo antes de pronunciar el nombre de la ganadora: “Vaya, ha sido un pleno al quince”. Se refería a que “El señor de los anillos: El retorno del Rey” había conseguido todos y cada uno de los 11 premios a los que estaba nominada. Seguro que en la noche de ayer, durante la entrega de los premios, él estaba nervioso soñando con lo que sería verse al otro lado de esa línea, en la posición en la que estuvo Peter Jackson aquel año. “¡Y Lincoln se convierte en la película más premiada de la Historia con 12 Oscars! ¡Señor Spielberg, por favor, deje de llorar y suba de una vez al escenario, leñe, que hay ganas de acabar ya con esto!”

Pero no fue así. Y creo que el motivo no es que Lincoln sea una mala película, como tampoco lo fue Warhorse o cualquiera de las que ha dirigido este señor en su última etapa creativa, la que empezó con “La lista de Schindler”. Creo que el problema está en que Spielberg es un dios que ha defraudado profundamente a sus devotos, empeñándose en darle la espalda a la imagen de sí mismo que construyó en los 80 y que todos aprendimos a amar.

Que hay dos Spielbergs es una realidad que creo que a nadie se le escapa, ni siquiera a él. Por un lado está el personaje ficticio, creado para el público y que demostró ser uno de los magos cinematográficos más solventes de la industria, y por otro el verdadero Spielberg, el auténtico, que no tiene nada que ver con el anterior. Un amigo mío, director de cine y profundo admirador de la obra de Steven (me van a perdonar la familiaridad), me decía el otro día que para lo poco que le queda de vida a este hombre, podría dedicarlas completamente al tipo de cine que le hizo grande, el de aventuras y ciencia ficción, en lugar de andar perdiendo el tiempo haciendo dramas históricos descafeinados. Pero yo le dije: “¿Es que no lo entiendes, amigo mío? ¡El auténtico Spielberg no es el que quiere hacer Indiana Jones, sino el que se las da de serio y de trascendente tratando temas Importantes con mayúsculas, el de “la lista de Schindler” o “Amistad”!”

En efecto, Spielberg ha dejado clarísimo en las entrevistas que él se ve a sí mismo como un director de drama, de temas adultos, y que desprecia completamente al género de aventuras o de ciencia ficción. Cuando era joven entró en la industria del cine dirigiendo una película que pretendía ser la gran odisea moderna de estilo Bonnie & Clyde, “Sugarland express”, que aquí conocimos como “Loca evasión”. Es una película que ya establece los principios rectores de la forma spielbergiana de entender el séptimo arte: un tratamiento cercano y cuasi idealizado de los personajes, una habilidad maestra para componer las líneas rectoras dentro del plano, y un tratamiento de la realidad que la retrata como algo a caballo entre el horror y el cuento de hadas, entre la suciedad de lo tangible y la eterealidad de lo soñado.

Ese es el cine al que Spielberg siempre quiso dedicarse. No al de aventuras, no al de evasión. Eso vino luego como respuesta al fracaso comercial de Sugarland express. Él mismo ha dicho más de una vez que si dirigió “En busca del arca perdida” fue para reconciliarse con el público. Es decir, que “el arca…” es una película de encargo, un filme que en realidad él no tenía ganas de hacer. Lo maravilloso que tuvo su cine de aquella época fue que trajo al género fantástico los estilemas del cine serio para adultos, ennobleciendo películas como “Tiburón” (que en manos de otro podría haberse convertido en un truño más para los sábados por la tarde con un escualo de goma y unas interpretaciones de juzgado de guardia, como ocurre con el 99% de sus imitaciones) gracias a un tratamiento serio de los personajes y de la trama.

¡Ese fue el gran triunfo de Spielberg, lo que lo hizo grande! Hoy en día es habitual ver ese tratamiento adulto en el cine fantástico: lo ha hecho Christopher Nolan con “the dark night”, lo ha hecho Peter Jackson con “el señor de los anillos”, lo ha hecho Zack Snyder con “Watchmen”, lo han hecho infinidad de otros directores con otras tantas obras maestras. Hoy en día lo ha hecho mucha gente, que de niños crecieron en la escuela Spielberg… menos una persona. Hay una persona que se empeña en ver el cine de género como algo menor, algo chusquero que hace por motivos puramente alimenticios y que no merece el menor respeto. Esa persona es… Steven Spielberg.

Yo (y esto es una opinión puramente personal) creo que la industria del cine ya se ha cansado de Spielberg y su endiosamiento. No es que la gente diga que sus pelis son malas, ni mucho menos, pero la taquilla le da la espalda de forma más descarada cada día, sus películas recaudan cada vez menos dinero, y lo que es peor, lo que más le duele a él con diferencia: cada vez reciben menos premios importantes.

Cuando metió al pobre Indiana Jones dentro de una nevera, lo lanzó por los aires mediante una explosión nuclear y lo hizo aterrizar a decenas de millas de allí sin un rasguño, Spielberg cavó su tumba. Dejó bien claro al mundo, y a los admiradores que le quedaban, que para él ya no existía la aproximación “seria” al cine de género, la que había convertido en obras maestras a películas como Tiburón o Encuentros en la tercera fase. Él ve a Indiana como un cartoon, un dibujo animado encarnado en un hombre, y puede hacerle las mayores barrabasadas que no importará. Porque el universo donde vive Indy ya no es un universo hasta cierto punto realista, donde los personajes importan y tienen sustancia. No, es el universo del pato Donald, aunque éste no aparezca como invitado.

Es ese desprecio implícito y explícito al cineasta que todos amábamos, el que plantó las semillas de un cine que luego se hizo adulto en manos de Jackson o Nolan, lo que ha hecho que sus antiguos fans odiemos ahora al señor Spielberg. Que nos alegremos cuando sale vapuleado de los Oscars, con el rabo entre las piernas y sollozando como un crío porque le han dejado sin premio. Cuando tu dios se ríe de ti y te dice que en realidad odia el tipo de cine que tú crees que le ha hecho grande, es cuando sus capillas empiezan a arder, y son sustituidas por nuevos altares a nuevas deidades.

La religión siempre ha tenido eso de malo: que siempre ha sido muy caprichosa.

 

de lordofthemetaverso

UN BREVE AVANCE DE “LA ÓPERA DE LA MENTE”

1

 

A veces me pregunto cómo sería medir los días por las brisas y las corrientes de agua.

Antes del accidente, Caleb me contó que su madre le había enseñado a buscar el paso del tiempo en los hechos de la naturaleza, más que en la sincronía musical de un reloj. Midiéndolo como los niños pequeños, por acontecimientos, y no por percepciones subjetivas. Antes del accidente, Caleb era un hombre feliz, que creía firmemente en las teorías que él mismo lanzaba contra las paredes de la vida, con la esperanza de que algunas de ellas fueran ciertas aunque desconociera sus argumentos.

Antes del accidente, yo ni podía imaginar que era la vida la que arrojaba sus propios teoremas, y con ganas de hacer daño, a la cara de los hombres.

 

…La lanzadera escora a babor y comienza una largo forcejeo con la gravedad, donde todo es cinética fallida y mal orientada y fuego que sale de todas partes y objetos que vuelan y miembros de la tripulación, literalmente miembros, que se desprenden de los cuerpos y azotan sin piedad las caras de los pasajeros. Las alarmas se empeñan en recalcar estúpidamente lo que todo el mundo sabe: que están cayendo, que algo ha salido mal, que los sistemas de seguridad no funcionan como deberían, que la Compañía deniega cualquier responsabilidad sobre esto…

 

El día en que la lanzadera se estrelló contra el canal, los compases de apertura de Desmontemos ese sucio chasis seguían revoloteando en la cabeza de Caleb.

Había oído a otro de los pasajeros silbar la melodía mientras se instalaba en uno de los divanes de gravedad, y su propia versión (distinta, con menos percusión y más flautas) salió de la parte de atrás de su cabeza, quedándose a su lado en lo que duró el descenso desde la saltoárea. Era una de las pocas canciones que, para un hombre que se había instalado cómodamente en los cuarenta, con todas las deudas pagadas con etapas anteriores, seguían teniendo la chispa de aquella primeriza alegría de la música, de vivir-sentir-sufrir la música, que experimentó la primera vez que tocó un instrumento.

Su padre había sido músico. Su madre fue cantante de la ópera del carnaval. Su hermana afinaba coros en los desfiles de carrozas. Él se había reservado el ilustre acto de romper la tradición familiar y se había hecho empresario a tiempo completo. No, gracias, las fanfarrias para luego.

 

…Caleb siente la compresión temporal de la adrenalina corriendo en sangre; la mujer que está sentada a su lado grita algo sin sentido, una frase que quizás estuviera rondando por su cabeza antes, pero que ahora no tiene razón de ser, como “hay que lavar los calcetines antes de la inspección de mañana”, frase que chilla a todo lo que dan sus pulmones como si fuera su argumento para atravesar las puertas del Santuario; un trozo del casco se desprende dejándoles ver que ya no hay nubes sino edificios rodeándolos, el estabilizador con forma de ala delta sale a buscar su propio destino entre las fachadas difuminadas por la velocidad, y el tren de aterrizaje que debería estar desplegado sale volando y convierte una de esas fachadas en polvo de cemento…

 

El fracaso de la tecnología es orgiástico, un éxtasis con el síndrome de la muerte aparente.

La mitad de Ferazza seguía brillando ajena a todo ello. La ciudad parecía extenderse en todas direcciones sin freno, apoyándose no sólo en su intrincada red de canales (los preciosos canales festoneados de puentes y escoltados por palacios móviles que hacían las delicias de los turistas), sino en las extensiones de favelas que brotaban como excrecencias aquí y allá, amasijos de viviendas destartaladas que eran las únicas montañas en un paisaje eternamente llano. Joyas decadentes únicas en la Variedad. En todos los sentidos.

Barrios que atesoraban la luz solar, presumiendo de legado arquitectónico, compartían horizonte con lo que Caleb llamaba “orgías de polución visual”, selvas de chabolas que más de un Gran Pensionario había soñado con barrer de la faz del planeta con andanadas de bombas atómicas. Por supuesto, ninguno lo había hecho, y no por motivos morales: La radiación habría sido mala para el carnaval, y no digamos para el turismo.

Yo había circulado muchas veces por esas callejuelas laberínticas, persiguiendo trofeos o buscando talleres clandestinos de chatarra, y el instante en que el amanecer me bañaba era sorprendente.

La oleada de luz refrescada por el aire me golpeaba con una sacudida, y el perfil de las cosas adquiría más consistencia, incendiándose con subrayados cegadores. Objetos, edificios y personas que hasta ese momento eran sombras en una penumbra que tampoco era noche del todo, dejaban de ser etéreos para ingresar en el mundo real. Los carteles de un millón de comercios se apagaban para ahorrar energía, y de los pocos huecos que dejaban en las fachadas surgían manos atareadas que colgaban ropa de los tendederos.

La simple mención de la luz hacía que los rezagados de las fiestas nocturnas fueran conscientes de que estaban meciéndose de cansancio, y cada cual a su modo ponía rumbo a lo que tuviera por casa. Si es que aún les quedaba algún sitio al que regresar. La mayor parte de los bailarines ni siquiera conservaba una identidad propia cuando acababa la fiesta.

 

…el empresario se aferra a los apoyabrazos del sillón, clavándoles las uñas recién salidas de la manicura, perfectamente cortadas y abrillantadas con esa nueva onda para ejecutivos, y reza para que cuando llegue el final sea tan rápido que su mente aún crea que está rezando; pero el final se empeña en no llegar, la mujer de los calcetines lavados sale disparada hacia el techo y revienta junto con la mitad del empenaje de cola, y los asientos giran y giran hasta hacer un nudo con lazo con la gravedad; Caleb se pregunta por qué lo han elegido precisamente a él para no sucumbir de una forma instantánea, sino para estar despierto y soportar el dolor, el infinito dolor, la oscuridad, la tiniebla que cae y muerde su brazo…

 

Fue un desastre, lo de Caleb. Lo de la lanzadera, quiero decir, y no sólo por la suerte de los desdichados que viajaban en ella, sino porque fue a estrellarse en la zona rica de la ciudad.

Si hubiera caído en las favelas, puede que ni siquiera las redes de simbiosis de datos de la mañana siguiente se hubieran hecho eco del suceso. Una explosión más, un par de hectáreas de casas menos… a quién le importa. Pero dio la casualidad de que el impacto contra el agua tuvo lugar en medio del Canal Pelagio, en el sinuoso tramo que cruza la Plaza de las Similitudes, y hubo asociaciones de transportistas y gondoleros que perdieron valiosos barcos (además de sus respectivos turistas) en el tsunami posterior.

Supongo que a nadie le gusta abrir la ventana con intención de asomarse a la fiesta, al estallido de alegría y embriaguez colectiva, y ver el corpachón de una lanzadera haciéndose pedazos, los motores volando por los aires bañados en humo, las alas incrustándose en los edificios de enfrente (si había suerte, y no era tu edificio el que estaba enfrente), y centenares de personas siendo calcinadas antes de que la ola del canal los barriese.

Nadie espera encontrarse con semejante panorama, más por la falta de cortesía que supone que por empatía hacia las víctimas. La gente de Ferazza, para ser sinceros, nunca ha destacado por su hospitalidad, a pesar de ser la ciudad más turística del planeta. O precisamente por eso.

Así pues, cuando las ambulancias y los robots-grúa llegaron al lugar del siniestro y comenzaron a rajar la panza del aparato, casi deseaban que nadie hubiera sobrevivido para contarlo.

Se decepcionaron al encontrar entre los escombros el brazo de Caleb Gloss.

Aquel miembro seguía moviéndose, o yo no tendría una historia que contar. Y el cuerpo que estaba unido a él ofrecía un estado tan lamentable que los sistemas de diagnóstico de los tanatomédicos le dieron quince minutos de vida.

Caleb se había topado con una de esas encrucijadas de la vida en que todo parece confabularse en tu contra… pero aún así te las arreglas para alojarte en el mínimo porcentaje que queda de que puedas contarlo. De que los divanes que te rodean bailen como peonzas y acaben formando una cúpula que te proteja de las llamas, o algo por el estilo.

Caleb tuvo que dar gracias a que los equipos de primeros auxilios no estuviesen programados con los mismos reparos morales que los ciudadanos, o le habrían dejado tirado allí mismo para que cargara con la culpa del desastre, y se lo explicara con todo lujo de detalles a quien le estuviese esperando en la otra vida. Pero las máquinas hicieron bien su trabajo, a pesar de sus operadores, y el empresario Caleb Gloss logró salvar la vida.

El jolgorio no duraría mucho.

 

 

 

de lordofthemetaverso

LAS MIL CARAS DEL AUTOR (2 de 2)

(Conclusión del anterior post)

d) TERROR: Precedentes del género en los que me suelo fijar: Mucho cine de terror, bien variadito y ecléctico. Por ahora sólo he escrito tres novelas encuadradas en este género, “Hija de lobos” (una de mis mejores y más cuidadas novelas hasta la fecha, y no porque lo diga yo. Está en Minotauro – Hades), “Naturaleza muerta” (Dolmen) y “He oído a los mares gritar mi nombre” (de próxima aparición). En el terror lo que estoy haciendo es sacar adelante un ambicioso proyecto, que consiste en revisionar los monstruos clásicos del género dándoles una nueva perspectiva. Si en Naturaleza muerta el target era el zombie, donde se le ligaba a las profecías cristianas del Apocalipsis y se le daba una vuelta de tuerca “mesiánica”, y en Hija de Lobos el licántropo (el de verdad, el que da miedo, el de las viejas leyendas medievales europeas y no el mariquita descafeinado que nos ha traído el cine del siglo XX), en He oído a los mares… la víctima será la sirena, un monstruo marino de los de toda la vida pero al que todavía se le puede sacar mucho jugo.

e) JUVENIL:  Precedentes del género en los que me suelo fijar: La verdad es que nunca leo ningún éxito juvenil de moda, para que no me influencie. Prefiero llevar mi propio estilo al universo juvenil y ver qué tal reacciona la mezcla. Por el momento he publicado, dirigido al público joven-adulto, la saga de los Heraldos (Hidra) y una novela que saldrá este año, de ciencia ficción, llamada Ecos (también en Hidra). La saga de los Heraldos se publicará a principios de 2014 en Alemania, Austria y Suiza.

f) INFANTIL: Cualquiera que me conozca aunque sea una pizca sabrá de mi absoluto amor por los librojuegos de los años 80. Cuando era niño era un ávido consumidor de todo lo que sonara a librojuego, desde la famosa serie roja de “elige tu propia aventura” hasta los más sofisticados que salieron después en colecciones como “brujos y guerreros” o “la búsqueda del grial”. Cuando editorial Hidra me dio la oportunidad de escribir librojuegos para niños en su colección “Tú decides la aventura”, casi lloro de la felicidad. Por el momento tengo dos títulos en esta colección, que se está empezando a publicar ¡en China!. Son “Campamento vampiro” y “¡Miniaturizados!”.

Y esto es to, esto es to, esto es todo, amigos. Espero que haya más cosas en el futuro. La coña es que, si nos atenemos a la explicación sobre el Multiverso que se da en Crónicas del multiverso (y que se amplía y mejora en su continuación, “Imperio”), todos estos universos podrían estar ligados por un eje común. En Crónicas se dice que cuando el Emperador Gestáltico fue destruido en la batalla de Delos, dejó a medias su magna obra, la creación de una pléyade de universos subsidiarios conectados por agujeros blancos.

Ahora bien, si no sabemos con certeza cuántos de esos “universos burbuja” existen, y todos pueden estar relacionados… no sería descabellado pensar que TODOS mis mundos están englobados en ellos. Incluso los que pertenecen a géneros dispares. No en vano, el lector atento se habrá reído mucho al llegar a la página 392 de Crónicas del Multiverso, cuando el personaje loco de Charlemagne Ulner se asoma por primera vez a una ventana entre universos, y ve a… ¡Piscis de Zhintra! 😀

de lordofthemetaverso

LAS MIL CARAS DEL AUTOR (1 de 2)

Los escritores nos enfrentamos a un San Benito que no les suelen colgar a otros profesionales del arte. A saber, el encasillamiento en un determinado estilo, género o tipo de relato. Eso no les sucede, por ejemplo, a los cineastas. A nadie le sorprende que Spielberg dirija una peli de CF, para luego dar el salto a un drama sobre el Holocausto y después a la revisitación de un cuento infantil. Nadie le dice “es que no es tu género, chaval, así que no cambies porque lo harás mal”. A los escritores, por desgracia, nos pasa justo lo contrario.

Es famoso el caso de Stephen King, cuando en los años 80 se buscó (por iniciativa propia o por exigencias del editor, quién sabe) otro pseudónimo para poder publicar novelas orientadas a la cf terrorífica, como “el fugitivo” o “la larga marcha”. El alias, como todo buen fan del autor sabe, era Richard Bachman. ¿Un caso aislado o norma del mundillo editorial? Yo diría que más bien es lo segundo, y tiene un motivo muy claro: en el mundo de los libros, los lectores encasillan muy rápidamente a un autor, y ese encasillamiento es respaldado después por las editoriales. El caso de King es paradigmático, y yo lo pongo siempre como ejemplo cuando me preguntan sobre esto en las entrevistas. Para el lector de a pie, King escribe terror, y punto. No intentes convencerle de que ahora se ha puesto a escribir novela romántica o medieval porque la gente tenderá a ningunearlo, y a pasar de comprar sus obras. Porque King escribe terror, ¿verdad?

Esto mismo me ha pasado a mí desde el principio de mi carrera, y es algo que he tratado de combatir desde siempre. Y creo que, poquito a poquito, novela a novela, lo voy consiguiendo. Antes, hace unos años, mi pseudónimo de Víctor Conde significaba CF, y más en concreto space opera, que fue la temática hacia la que enfoqué mis novelas al principio de mi carrera. Y hubo muchos editores que no querían sacarme de ahí. Querían que siguiera escribiendo lo mismo ad eternum. Pero no les hice caso. Gracias a Dios, en mi cabeza bullen muchos mundos, géneros y estilos diferentes como para dejarme encasillar con tanta facilidad. Así fue como empecé a escribir y publicar terror, fantasía y otros géneros que orbitan más o menos la misma onda (mis novelas no dejan de tener siempre un elemento fantástico que las localiza dentro de esta categoría), pero que son muy diferentes entre sí.

Esta práctica (hoy publico CF, mañana terror, pasado mañana fantasy, el otro día juvenil y acabo la semana con un libro infantil) me deja muy satisfecho como autor, pero reconozco que para el lector que quiera ser completista con mi obra es una pesadilla. Sobre todo porque no es sólo una editorial la que me saca todo este material, sino que los distribuyo por varios sellos. Este es el principal motivo por el que he resucitado mi blog, el poder darle al lector un centro neurálgico de información al que poder acudir para enterarse de todos mis lanzamientos editoriales, el cómo y el porqué.

Sin que sirva de precedente, y por poner por primera vez un poco de orden en este mundo creativo repartido por cien editoriales, voy a clasificar a continuación mi obra. Estad atentos, porque tiene tela:

a) CF adulta: Precedentes en el género en los que me suelo fijar: Hiperion, Neverness, Radix. Es la ciencia ficción que escribo para un público que no le hace ascos a los temas complejos, adultos y arriesgados. Aunque técnicamente es space opera (es decir, literatura de aventuras y de viajes), las temáticas siempre versan en torno a la idea de los poderes psíquicos, y cómo sería un universo regido por éstos si existieran a escala planetaria. Lo compone mi serie del Multiverso (o Metaverso), que actualmente cuenta con los siguiente títulos: El tercer nombre del Emperador (novela fundacional, publicada originalmente en Sirius y hoy descatalogada, en espera de reedición), Mystes (publicada en Minotauro, finalista del premio en 2004), Crónicas del Multiverso (premio Minotauro 2010 e Ignotus 2011), Oniromante (novela electrónica en Scyla ebooks) y La Ópera de la Mente (ídem anterior).

b) CF Pulp: Precedentes en el género en los que me suelo fijar: Barbarella, Star Crash, las películas setenteras de Luigi Cozzi, la saga de los Aznar. Sin conexión ninguna con el universo del Metaverso (aunque esto no es del todo verdad; mirar más adelante para ver la excepción), las aventuras de Piscis de Zhintra transcurren en un universo psicodélico, sesentero, de drogas y alucinógenos y pastillas LSD. ¡Pero aquí quien se toma el LSD es el propio universo! Estas novelas se apoyan no en la coherencia argumental ni en la literatura de altos vuelos, sino en el propio placer onanista y psicotrónico del autor. La saga la forman las siguientes obras: Piscis de Zhintra (Artifex, 2002), Arena (Artifex, 2002), un cuento aparecido en la revista “2001” (Equipo Sirius, 2002), y la novela de próxima aparición El planeta de los Vampiros.

c) Fantasía onírica: Precedentes en el género en los que me suelo fijar: Los cómics Sandman (Neil Gaiman) o Fábulas (Bill Willingham). Creé un plano paralelo llamado Aradise, donde se supone que se encuentra el material para los sueños humanos… y también para las pesadillas. Aradise ya ha salido en dos obras mías, “El Teatro Secreto” (Parnaso, 2005, y de próxima reedición en Sportula) y “He oído a los mares gritar mi nombre” (novela de terror que también está a punto de ver la luz). Son novelas orientadas al público adulto, tanto por su forma como por su contenido. También en esta categoría podrían entrar “Los relojes de Alestes” (esta es un steam punk) y la antología de relatos “El libro de las Almas” (Erídano), así como una novela experimental que sólo se ha publicado en Canarias llamada “Malpaís”.

(Continúa en el siguiente post)

de lordofthemetaverso

LA ÓPERA DE LA MENTE

Bueno, pues para empezar fuerte, os incluyo la portada de mi nueva novela corta. Se llama “La ópera de la mente” y será publicada por scyla ebooks ahora en marzo. Se trata de una historia auto conclusiva que explora una vertiente que hasta ahora no había tocado en la saga, y es la novela de cf policíaca. Sita en la Variedad, cuando Lina Kolbrand (que hace un breve cameo) es aún joven y trabaja como primer oficial para una nave-refinería, esta historia nos introduce en los laberintos omniculturales y mafiosos de Tanjet, un planeta aerobio en el que unas prodigiosas fiestas estilo venecianas de carnaval vuelven del revés todo el planeta. Una extravagancia espacial que espero que disfrutéis (y que comentéis por estos lares, claro, je je).

Esta novela corta saldrá en formato digital a sólo 1 euro, lo cual no está mal para algo que tiene más de 50.000 palabras. Y nos mantendrá ocupados mientras llega la continuación de Crónicas del Multiverso, en Minotauro, que espero que sea a finales de este año.

Imagen

 

de lordofthemetaverso

BIENVENIDOS AL METAVERSO

Hola. Aquí estamos otra vez. He estado muy ocupado durante un tiempo dedicándome a mi hija y a mi nueva casa, y hasta ahora no he encontrado el tiempo necesario como para abrir y administrar un blog. Mi anterior criatura se llamaba “Víctor Conde Blog”, pero ahora ese nombre me parece de una sosería tremenda, así que en esta nueva singladura vamos a ser HISTORIAS DEL METAVERSO. Y que dure.

Este blog pretende ser un centro neurálgico de mi obra, tanto la literaria como la relacionada con el cómic, los cortometrajes, o cualquier otro modo de expresión artística que me dé por intentar en el futuro. Aquí os iré informando de todo lo nuevo que vaya publicando, en qué colección está y en qué editorial, y a qué público va dirigido, y os ofreceré jugosos adelantos. Digamos que este blog será la ventana oficial al Metaverso, mi propio universo literario al que algunos también conocen como Multiverso (debido al título de la novela que ganó los premios Minotauro e Ignotus en 2010, “Crónicas del Multiverso”).

En fin, que bienvenidos seáis todos/as. Espero que os quedéis por aquí y me acompañéis en esta singladura por las estrellas. Un abrazo.

de lordofthemetaverso