LAS MIL CARAS DEL AUTOR (1 de 2)

Los escritores nos enfrentamos a un San Benito que no les suelen colgar a otros profesionales del arte. A saber, el encasillamiento en un determinado estilo, género o tipo de relato. Eso no les sucede, por ejemplo, a los cineastas. A nadie le sorprende que Spielberg dirija una peli de CF, para luego dar el salto a un drama sobre el Holocausto y después a la revisitación de un cuento infantil. Nadie le dice “es que no es tu género, chaval, así que no cambies porque lo harás mal”. A los escritores, por desgracia, nos pasa justo lo contrario.

Es famoso el caso de Stephen King, cuando en los años 80 se buscó (por iniciativa propia o por exigencias del editor, quién sabe) otro pseudónimo para poder publicar novelas orientadas a la cf terrorífica, como “el fugitivo” o “la larga marcha”. El alias, como todo buen fan del autor sabe, era Richard Bachman. ¿Un caso aislado o norma del mundillo editorial? Yo diría que más bien es lo segundo, y tiene un motivo muy claro: en el mundo de los libros, los lectores encasillan muy rápidamente a un autor, y ese encasillamiento es respaldado después por las editoriales. El caso de King es paradigmático, y yo lo pongo siempre como ejemplo cuando me preguntan sobre esto en las entrevistas. Para el lector de a pie, King escribe terror, y punto. No intentes convencerle de que ahora se ha puesto a escribir novela romántica o medieval porque la gente tenderá a ningunearlo, y a pasar de comprar sus obras. Porque King escribe terror, ¿verdad?

Esto mismo me ha pasado a mí desde el principio de mi carrera, y es algo que he tratado de combatir desde siempre. Y creo que, poquito a poquito, novela a novela, lo voy consiguiendo. Antes, hace unos años, mi pseudónimo de Víctor Conde significaba CF, y más en concreto space opera, que fue la temática hacia la que enfoqué mis novelas al principio de mi carrera. Y hubo muchos editores que no querían sacarme de ahí. Querían que siguiera escribiendo lo mismo ad eternum. Pero no les hice caso. Gracias a Dios, en mi cabeza bullen muchos mundos, géneros y estilos diferentes como para dejarme encasillar con tanta facilidad. Así fue como empecé a escribir y publicar terror, fantasía y otros géneros que orbitan más o menos la misma onda (mis novelas no dejan de tener siempre un elemento fantástico que las localiza dentro de esta categoría), pero que son muy diferentes entre sí.

Esta práctica (hoy publico CF, mañana terror, pasado mañana fantasy, el otro día juvenil y acabo la semana con un libro infantil) me deja muy satisfecho como autor, pero reconozco que para el lector que quiera ser completista con mi obra es una pesadilla. Sobre todo porque no es sólo una editorial la que me saca todo este material, sino que los distribuyo por varios sellos. Este es el principal motivo por el que he resucitado mi blog, el poder darle al lector un centro neurálgico de información al que poder acudir para enterarse de todos mis lanzamientos editoriales, el cómo y el porqué.

Sin que sirva de precedente, y por poner por primera vez un poco de orden en este mundo creativo repartido por cien editoriales, voy a clasificar a continuación mi obra. Estad atentos, porque tiene tela:

a) CF adulta: Precedentes en el género en los que me suelo fijar: Hiperion, Neverness, Radix. Es la ciencia ficción que escribo para un público que no le hace ascos a los temas complejos, adultos y arriesgados. Aunque técnicamente es space opera (es decir, literatura de aventuras y de viajes), las temáticas siempre versan en torno a la idea de los poderes psíquicos, y cómo sería un universo regido por éstos si existieran a escala planetaria. Lo compone mi serie del Multiverso (o Metaverso), que actualmente cuenta con los siguiente títulos: El tercer nombre del Emperador (novela fundacional, publicada originalmente en Sirius y hoy descatalogada, en espera de reedición), Mystes (publicada en Minotauro, finalista del premio en 2004), Crónicas del Multiverso (premio Minotauro 2010 e Ignotus 2011), Oniromante (novela electrónica en Scyla ebooks) y La Ópera de la Mente (ídem anterior).

b) CF Pulp: Precedentes en el género en los que me suelo fijar: Barbarella, Star Crash, las películas setenteras de Luigi Cozzi, la saga de los Aznar. Sin conexión ninguna con el universo del Metaverso (aunque esto no es del todo verdad; mirar más adelante para ver la excepción), las aventuras de Piscis de Zhintra transcurren en un universo psicodélico, sesentero, de drogas y alucinógenos y pastillas LSD. ¡Pero aquí quien se toma el LSD es el propio universo! Estas novelas se apoyan no en la coherencia argumental ni en la literatura de altos vuelos, sino en el propio placer onanista y psicotrónico del autor. La saga la forman las siguientes obras: Piscis de Zhintra (Artifex, 2002), Arena (Artifex, 2002), un cuento aparecido en la revista “2001” (Equipo Sirius, 2002), y la novela de próxima aparición El planeta de los Vampiros.

c) Fantasía onírica: Precedentes en el género en los que me suelo fijar: Los cómics Sandman (Neil Gaiman) o Fábulas (Bill Willingham). Creé un plano paralelo llamado Aradise, donde se supone que se encuentra el material para los sueños humanos… y también para las pesadillas. Aradise ya ha salido en dos obras mías, “El Teatro Secreto” (Parnaso, 2005, y de próxima reedición en Sportula) y “He oído a los mares gritar mi nombre” (novela de terror que también está a punto de ver la luz). Son novelas orientadas al público adulto, tanto por su forma como por su contenido. También en esta categoría podrían entrar “Los relojes de Alestes” (esta es un steam punk) y la antología de relatos “El libro de las Almas” (Erídano), así como una novela experimental que sólo se ha publicado en Canarias llamada “Malpaís”.

(Continúa en el siguiente post)

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de lordofthemetaverso

Un comentario el “LAS MIL CARAS DEL AUTOR (1 de 2)

  1. Suerte y a seguir rehuyendo de las etiquetas. Creo que los escritores deberíamos contar la historia que nos apetezca sin sufrir las trabas de ningún editor o lector que quiera encasillarnos. Hay cientos y cientos de historias magníficas por contar y creo que no hay porqué prescindir de ninguna solo por lo que se espera de nosotros.

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