LO QUE NECESITO SI QUIERO ESCRIBIR UNA EPOPEYA MEDIEVAL (4) LA MADUREZ DEL GÉNERO

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Uno de los grandes aciertos de la fantasía contemporánea es tomarla no como un desahogo para niños o para adolescentes escapistas, sino como un género maduro capaz de contar historias complejas con personajes difíciles. Cuando vi la versión de Peter Jackson del Señor de los Anillos, y posteriormente cuando la serie de Juego de Tronos trascendió los libros y llegó a las pantallas, me di cuenta de que por fin había llegado el momento: el género estaba maduro. Ya no había que esconderlo tras una etiqueta juvenil para que funcionase. Por desgracia, muchos productores de Hollywood no supieron darse cuenta de ese detalle, y creyeron que la continuación obvia de ESDLA eran otros libros para niños. Se equivocaban.

Resulta curioso que las siguientes películas que llegaron a las pantallas después del éxito de Jackson fueran las adaptaciones de novelas directamente infantiles (Las Crónicas de Narnia) o juveniles (Eragon), cuando no era eso lo que la gente demandaba. De hecho, siempre pensé que el éxito que tuvo la primera película de Narnia, y que no se repitió en ninguna de sus secuelas, radicó en su trailer, que mostrándonos la espectacular batalla del final nos prometía emociones fuertes que recordaban a las mejores escenas de “El retorno del Rey”. Obviamente, era una ilusión, ya que el tono de aquella historia debía ser por fuerza mucho más infantil e ingenuo, y creo que la gente salió muy decepcionada del cine cuando se estrenó. Fue culpa del trailer, que llegó a las pantallas cuando aún resonaban los ecos de los campos del Pelennor, y tenía a medio mundo ansiando más.

El caso de Eragon es significativo porque ejemplifica lo que fue la fantasía a lo largo de los ochenta y los noventa: un género dominado absolutamente por el mercado juvenil, que orbitaba en torno a los mundos creados sobre los juegos de rol, como la sobrevalorada serie de la Dragonlance. Como el público objeto de esas novelas y esos mundos eran chicos de quince años, la fantasía de esas dos décadas se llenó exclusivamente de ritos de madurez, ritos de paso, que se limitaban a mostrar a un héroe joven e imberbe que “debía crecer” y comprender lo que es ser adulto. Todas las sagas con las que nos bombardearon en los ochenta y noventa orbitaban en torno a eso: que si tienes que hacerte mayor, que si tienes que aprender a luchar, que si te han legado la espada de tu padre, etc, etc. Cansino hasta la extenuación. ¡A ver si el dichoso héroe madura de una vez!, nos lamentábamos en aquella época los que ya habíamos pasado esa fase. Eragon fue el último canto del cisne de este tópico aplicado a una saga de novelas que, de pura exploitation de Tolkien que es, se ruboriza y hunde ella misma. Las novelas de Chris Paolini (y lo siento si sus fans se sienten ofendidos) no son más que una copia del universo creado por Tolkien, o peor aún, de la Dragonlance, con sus mismas razas (elfos, enanos, demonios, etc), y con otro héroe adolescente más embarcado en ooooootra cruzada para hacerse mayor. En fin.

Pero por fin llegamos al siglo XXI y a dos grandes obras, una moderna y otra antigua, que demostraron que la fantasía ya estaba más que harta de mostrar ritos de madurez, y que había llegado la hora de hacer otras cosas. Me refiero a las dos obras que nombré antes, El Señor de los Anillos (en su versión cinematográfica), y las novelas de Juego de Tronos. En la primera, con esas escenas en las que Aragorn no se corta un pelo en desmembrar y decapitar orcos delante de la cámara, Jackson nos lanzó el primer aviso de que una película de fantasía épica no tenía por qué ser un film blanco, sin sangre, apto para todos los públicos. Podía ser un espectáculo diseñado para estimular el puro sentido de la maravilla del espectador, pero sin cortarse un pelo en las escenas más escabrosas. Luego, años después, llega ese señor obeso al que muchos le tienen tanto odio como cariño (por cómo trata a sus personajes) y se saca del sombrero una novela río donde los personajes ya no son adolescentes deseando crecer. Donde tanto la máxima bondad como la espantosa crueldad inherentes a la especie humana se dan la mano sin tapujos. Y nos demuestra que la fantasía ya está madura para contar historias de gente de verdad, que no pasa por el filtro censor de los editores del juvenil. Y a la gente le encanta.

El panorama editorial está cambiando. Las ñoñeces de Eragon han demostrado que pertenecen a un pasado remoto en el que las novelas estaban diseñadas para que no las leyera nadie con más de catorce años. Con esto, aunque parezca mentira, no quiero parecer irrespetuoso ni insultar a los fans de Paolini, que seguro que son legión, pero sí deseo dejar patente una cosa: Que por fin hemos madurado. Después de las intrigas de los Stark y las puñaladas traperas de sus primos difícilmente podremos volver a leer con ojos indulgentes otra saga medieval tipo Dragonlance, o tipo Eragon, que se empeñe en decirnos que sus protagonistas sufren muchísimo porque han heredado la espada de su padre y no saben qué hacer con ella.

Yo desde luego apuntaré a ese público adulto en mis novelas medievales, empezando por la Orfíada. Quiero que la gente me lea pensando que exijo de ellos un conocimiento del mundo y de la psique humana que un niño no puede tener. Y espero que las historias que les voy a contar les emocionen y les remitan a un pasado legendario que, no por más ilusorio, tendrá pinta de ser menos real.

Que la madurez del género sea con vosotros. Bienvenida, al fin.

 

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de lordofthemetaverso

3 comentarios el “LO QUE NECESITO SI QUIERO ESCRIBIR UNA EPOPEYA MEDIEVAL (4) LA MADUREZ DEL GÉNERO

  1. Espero que al menos sea una madurez bien entendida. Cuando surgió Watchmen en el cómic, muchos interpretaron que la madurez era sangre y palabrotas, a la mayoría de los cómics noventeros me remito (salvando excepciones notables como The Sandman).

    Considero que en la variedad está la riqueza, no obstante, seguramente se ha abusado ya de la solemnidad sin pasión o de la novela juvenil.

    En cuanto a Eragon, terminé la saga y he de decir que ha sido una pérdida de tiempo, sin ganas de ofender. El último libro es el desenlace más frígido de la historia. No pasa nada reseñable, no hay fuerza ni ganas.

    Sobre Narnia, “poderoso el lobby crisitano es” que diría Yoda.

    A ver qué tal La Orfíada. =)

  2. Hola Carlos. Yo, por madurez, entiendo tratar temas serios con personajes adultos y bien desarrollados. Tampoco me gusta le lenguaje soez ni el gore gratuito (por eso no me gustan por lo general las películas de zombis ni los cómics que se las dan de falsamente “progres” como Kick Ass). El gran problema de este país es que hay un abismo generacional enorme con respecto al tema fantástico. La cuestión fantástica, la llamaría yo, en homenaje a la cuestión homérica.
    En España nos encontramos con que hay un vacío enorme con la gente de más de 20 años, que ha renegado totalmente de la fantasía y que no sólo la denosta, sino que encima la insulta, como que es algo que ellos ni entienden ni consideran que tenga ninguna calidad. Y de esto tiene la culpa el propio mundo editorial, que se ha empeñado durante las últimas dos décadas en decirnos que lo fantástico es para niños o para adolescentes, despreciando por completo al público adulto. Esa es la cuestión fantástica, el demostrar (como hicieron Asimov, Heinlein o Clarke, o el mismo Tolkien, en su época) que también hay literatura fantástica de calidad, dirigida a adultos y no solo a niños. E ir rellenando poquito a poco ese vacío para que la gente de más de 20 años vuelva a llenar sus estanterías con libros de tema fantástico.

    • Por suerte, creo que esa brecha de la que hablas se va cerrando. Creo que escritores como tú y otros que estamos iniciándonos en el mundo de las letras nos gusta el género fantástico pese a lo que se diga. Considero que, por suerte, esto está cambiando.

      Siempre habrá gente que vea este género como algo friki, pero deberemos ser nosotros los primeros en quitar esa etiqueta y ante todo contar buenas historias y bienvenidas sean si son adultas de verdad y no cosas como Kick-Ass (el segundo tomo es aún más lamentable).

      Un saludo y muchas gracias por responder, ánimo con los nuevos proyectos.

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