MI NOVELA A CUATRO MANOS CON COTRINA ENTRA EN SU TRAMO FINAL

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La novela a cuatro manos que estoy escribiendo junto a José Antonio Cotrina, el aclamado autor del Ciclo de la Luna Roja (os pongo la portada en la imagen, por si no la conocéis) está llegando a la recta final. Por el momento sólo tiene un título de trabajo, pero pronto estará acabada y saliendo del horno. Magos que atraviesan Puertas en un mundo steam punk, batallas interplanares y mucha, mucha magia urbana y victoriana os aguardan en esta novela. ¡Excelsior!

 

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HISTORIAS PEQUEÑAS DEL METAVERSO

George Lucas decía, a propósito de una serie de TV de Star Wars que parece haber pasado a mejor vida, que “no siempre se puede estar destruyendo o salvando el universo. Los personajes, además, hacen otras cosas en su tiempo libre”. Este axioma se puede aplicar a cualquier gran saga, no solamente galáctica y no solamente cinematográfica, que conozcamos. Me ha venido a la mente después de leer por Internet algunos comentarios que los lectores han hecho de mis noveletas del Metaverso: “Oniromante” y “La ópera de la mente”.

Uno de estos lectores decía a propósito de “Crónicas de Multiverso” en su página web: “Un libro que me ha entusiasmado y me ha dejado con ganas de más”, para luego opinar de las noveletas pequeñas “en fin, dos más”. Una de cal y otra de arena. Yo creo que las dos noveletas han quedado bastante bien, una explora el difícil oficio de la oniromancia en los mundos exteriores, y la otra el amor entre dos personas del mismo sexo en un entorno abiertamente space opera. Creo que están hechas del mismo material de sueños que la saga de novelas, lo que pasa es que a pequeña escala. Y quizás sea eso lo que ha defraudado a este lector, la  escala.

Es cierto que tanto “El tercer nombre del Emperador” como “Crónicas” son dos novelones de grandes escenarios y de escala épica, como a mí me gusta. Destrucción y creación de universos, batallas estelares entre millones de naves, Teorías del Todo que (aunque algunos no las entiendan por lo complicado de la palabrería) están muy meditadas y pensadas para que no sean simple tecnojerga… en fin, son novelas de gran escala, donde pasan muchas cosas con un alcance muy grande. Pero esta escala es imposible de mantener en las noveletas. Dentro de la Variedad y del suprauniverso principal también hay espacio para las historias pequeñas, de personajes, más que de mundos en colisión. Y debe haber lugar para ellas si se quiere que ese universo ficticio crezca y adquiera matices. Comprendo que algunos lectores, tras haber leído “Crónicas”, esperen algo mayor y más bestia del siguiente capítulo (el mismo principio de carrera hacia delante se aplica al cine y a las secuelas de cualquier gran éxito, sin ir más lejos: el público siempre espera y exige más, y si no que se lo digan a Peter Jackson). Pero el formato “cuento largo” no es el más apropiado para eso. La noveleta es apropiada para contar historias más pequeñas pero, a mi entender, igual de interesantes.

A mí me pasó lo mismo que a vosotros cuando leí una noveleta sobre el universo de Hiperion que Dan Simmons publicó en la antología “Horizontes lejanos” de Robert Silverberg. Tras leer los anteriores capítulos de los cantos de Hiperion esperaba algo épico y gigantesco, algo que me llevara un paso más allá en espectacularidad y epicidad. Pero las noveletas no son buenas para eso. Si intentas abrir demasiado el scope el espacio se te queda pequeño y el lector siempre se queda con ganas de más. Siempre tiene la impresión de que le has contado el resumen de una historia que exigía muchas más páginas para ser disfrutada plenamente. Pero entonces ya te has salido del cuento y has vuelto a entrar en la novela.

Por eso, a este lector y a otros que se puedan sentir defraudados por la pequeña escala (siempre entre comillas, claro) de mis noveletas, les digo: no os preocupéis, que en el cajón de mi editor ya está la continuación directa de “Crónicas del Multiverso”, una novela aún más bestia, más grande y ambiciosa que la que ganó el premio Minotauro. Ahí sí que vais a tener chicha de la buena. Pero como decía Lina Kolbrand, “cien mil mundos no se exploran en una noche”, y esos mundos están llenos de gente pequeña, que no son necesariamente Héroes, pero que también tienen una historia que contar.

Un saludo.

 

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