RUNEQUESTERS

RUNE

Uno de mis juegos de rol favoritos, de toda la vida, ha sido el Runequest de Greg Stafford. Publicado en los años 70 en Norteamérica como respuesta al celebérrimo Dungeons & Dragons, la originalidad de su propuesta radicaba en lo diferente de su enfoque, tanto en reglamentos como en la ambientación. Mientras que el D&D era un juego más épico y seguía un patrón más estándar en su tipo de fantasía, RQ se inspiraba más en los cuentos clásicos de monstruos y hadas, siendo un poco más “inocentón” en ese sentido. En efecto, mientras que en los bestiarios del primero solías encontrar monstruos diseñados para dar miedo y sugerir combates legendarios, en los del segundo abundaban las referencias a los cuentos de hadas más infantiles. Todos recordamos con cariño al hombre pato, por ejemplo, o a los monstruos extraídos de “Alicia en el país de las maravillas”. También la forma de tratar ciertas razas famosas gracias a Tolkien, como los elfos, era más inocente, con esos elfitos negros cabezones que parecían duendes y estaban emparentados con los hongos. Esto hacía que el RQ tratara un tipo de fantasía mucho más inocente y pura, en ciertos aspectos, que su homólogo superventas.

Pero lo que de verdad lo distinguía del dragones y mazmorras era su (complejo) sistema de reglas. Runequest se introducía por primera vez en un sistema de porcentajes, con docenas de habilidades listadas que se comían casi toda la hoja de personaje, así como tablas de comparación y resistencia, críticos y pifias, etc. Esta complejidad permitía volver más elaborados los combates entre personajes, o entre los PJs y los monstruos, haciendo cosas que en el D&D eran impensables, como apuntar a una localización dada del cuerpo. Para muchos jugadores, sobre todo los pertenecientes a las nuevas generaciones, esta mayor complejidad supuso un lastre: ¿para qué me voy a aprender los entresijos de un sistema que parece la guía de la declaración de la Renta, si puedo jugar a ese otro RPG donde basta con tirar un solo dado? Evidentemente, los gustos cambian con las generaciones, y la preferencia por la simplicidad a toda costa no siempre fue un rasgo que nos definiera a los españoles, todo lo contrario. Había juegos de rol mucho más complejos que RQ en el mercado (¿alguien se acuerda del Rolemaster o del RIFTs?), y tenían su nutrida cantera de jugadores.

Mi hermano y yo siempre hemos sido Runequesters; él más que yo, puesto que aún hoy en día sigue manteniendo su campaña activa. Y la cantidad de horas de felicidad transcurridas al amparo de estos juegos no tiene punto de comparación con ninguna otra cosa. Se lo debemos al señor Stafford, por haberse sentado un día a escribir. Pero también a la gente de JOC por haberlo traducido y lanzado al mercado patrio a principios de los años 90. Gracias a todos, y gracias a los que me habéis acompañado durante tantas décadas en este increíble viaje al corazón de la fantasía.

Mañana he quedado con mi hermano y su grupo y tenemos partida de Runequest. Me he hecho una elfa patea culos. Deseadme suerte.

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de lordofthemetaverso

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