LA MEJOR PELÍCULA DE FANTASÍA DE LOS 80

Los años ochenta fueron un buen caldo de cultivo para experimentos de género, algunos de los cuales salieron bien y generaron todo un fenómeno social a su alrededor, mientras que otros cayeron injustamente en el olvido. Hoy quiero hablaros de una película que es una rara avis dentro del mundillo de la fantasía cinematográfica, pero que se erige por derecho propio en una de las mejores muestras del cine de género de todos los tiempos: Dragonslayer, que en España aterrizó como “El dragón del lago de fuego”.

Esta película fue un experimento de la Disney por saber si una audiencia más madura que la que generalmente veía sus productos podía ser conquistada sin cambiar el sello de la distribuidora. En otras palabras, si aun teniendo la palabra “Disney” en la portada, podían llegar a vender otras historias que no fueran necesariamente para niños. El resultado: un estrepitoso fracaso comercial y crítico, que destrozó una película que no lo merecía en absoluto.

Hoy en día está de moda la fantasía para adultos. Juego de tronos es el ejemplo más claro, aunque hay muchos más. El tono adulto de series de TV como Daredevil, Galactica 2003 y similares demuestra que el público de hoy está preparado para encajar ese tipo de enfoques. Y el cine no se queda atrás, pues películas como The martian, The matrix o el enfoque asombrosamente adulto que Peter Jackson le dio a la primera trilogía del Anillo demostraron que el público podía respaldar una apuesta exigente a nivel de guión. Esto, por desgracia, no era así en los 80, y menos si el producto venía de manos de Disney y tenía dragones en su argumento.

Vista hoy en día, Dragonslayer es, desde mi punto de vista, la mejor película de género fantástico de los 80. Especialmente por su guión, que de haberse pasado a novela habría dado un libro magnífico. Es precisamente ese enfoque adulto el que la convierte en una rara avis, y motivos no le faltan: la historia del rey cobarde y su demencial lotería de chicas, los magos que ya no son lo que eran porque tampoco quedan ya dragones que sustenten su magia, la historia de la chica convertida en varón para escapar de la lotería, la forma de visualizar al dragón como algo que parece estar relacionado con Satanás y los mitos cristianos, cuando en realidad la bestia demuestra estar por encima de todo eso… y un largo etcétera.

La película, además, no escatima en detalles truculentos, que son los que seguramente echaron a las ofendidas madres de las salas con los niños llorando de miedo. Cuando la princesa muere (spoiler), por ejemplo, y el cazador encuentra su cuerpo, vemos que está siendo devorada por las crías del dragón. Y son una serie de planos muy desagradables, pues se ve literalmente su pierna amputada y siendo devorada a mordiscos. Un plano demasiado fuerte para una película de Disney. Además, este título tiene el honor de ser el único de toda la historia de la Disney que incluye desnudos, uno del chico y otro de la chica protagonista.

La ILM de Lucas hizo los efectos, y Dennis Muren dice en las entrevistas que fue terminar a la carrera esta peli para empatar al día siguiente con “el retorno del jedi”. Todo un tour de force en FX que nos dio un dragón despampanante a nivel visual, sólo superado hoy en día (y gracias a la tecnología y los años que han pasado desde entonces) por los señores de Weta y su encantador Smaug.

En fin, que es una película a recuperar pero ya mismo. Si no la habéis visto, lanzaos. Y si la recordáis vagamente, como en una nebulosa, de vuestra niñez, y tenéis esa sensación de que era una mala película… desengañaos. Es la mejor película de fantasía de los ochenta, solo que tuvo la mala suerte de nacer veinte años antes de su época. Es lo que pasa con los visionarios, que casi siempre acaban crucificados porque nadie los entiende.

 

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de lordofthemetaverso

METER LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN UN MALETÍN

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Asimov escribió novelas mucho más ontológicas que científicas en torno a la inteligencia artificial. De su pluma salieron algunos de los más tempranos relatos sobre robots que se tomaron la filosofía y la ciencia (repito, más la primera que la segunda) en serio. Ahora bien, releyendo las novelas del maestro, me he dado cuenta de que su universo cojea un poco en lo que podríamos llamar la parte de la extrapolación total de una tecnología a un ambiente determinado. Me explico.

En el mundo de los robots de Asimov, con sus famosas tres leyes, el detonante principal del cambio está en que el ser humano ha logrado crear una máquina que es capaz de desarrollar pensamientos complejos y conciencia de sí misma. Esa máquina, el cerebro de los robots, cabe en un espacio no superior a un maletín, es decir, la caja craneal de un androide de aspecto humano. Ahora bien, pensemos un poco: si tú puedes meter una IA dentro de un espacio tan pequeño, ¿por qué ese mundo futuro no está lleno de cosas que piensan y tienen conciencia de sí mismas, aparte de los robots? Hablo de coches, aviones, armas, misiles, globos aerostáticos, incluso lavadoras, secadoras de mano y televisores. En las novelas de Asimov la inteligencia artificial parece estar circunscrita a los robots, ¿pero por qué los coches y las bicis y hasta los bolígrafos de los críos en el colegio no tienen conciencia de sí mismos? Estamos hablando de un problema puramente práctico, de espacio reducido, no ontológico. Uno podría alegar que “para qué quieres hacer inteligente una lavadora”. Bueno, el problema con los inventos nunca ha estado en la racionalidad de su aplicación, asignatura donde los humanos siempre tendemos a sacar mala nota. Si se puede, hay alguien por ahí fuera que lo hace, sea una estupidez o no.

Creo que Asimov dotó de IA a sus robots y a nada más en su universo porque tenían aspecto humano, y le interesaba ese conflicto entre lo que es humano y lo que sólo parece humano, pero no lo es. Y es que habría poco glamour en los debates filosóficos entre un humano y una lavadora, ¿no creéis?

de lordofthemetaverso