METER LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN UN MALETÍN

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Asimov escribió novelas mucho más ontológicas que científicas en torno a la inteligencia artificial. De su pluma salieron algunos de los más tempranos relatos sobre robots que se tomaron la filosofía y la ciencia (repito, más la primera que la segunda) en serio. Ahora bien, releyendo las novelas del maestro, me he dado cuenta de que su universo cojea un poco en lo que podríamos llamar la parte de la extrapolación total de una tecnología a un ambiente determinado. Me explico.

En el mundo de los robots de Asimov, con sus famosas tres leyes, el detonante principal del cambio está en que el ser humano ha logrado crear una máquina que es capaz de desarrollar pensamientos complejos y conciencia de sí misma. Esa máquina, el cerebro de los robots, cabe en un espacio no superior a un maletín, es decir, la caja craneal de un androide de aspecto humano. Ahora bien, pensemos un poco: si tú puedes meter una IA dentro de un espacio tan pequeño, ¿por qué ese mundo futuro no está lleno de cosas que piensan y tienen conciencia de sí mismas, aparte de los robots? Hablo de coches, aviones, armas, misiles, globos aerostáticos, incluso lavadoras, secadoras de mano y televisores. En las novelas de Asimov la inteligencia artificial parece estar circunscrita a los robots, ¿pero por qué los coches y las bicis y hasta los bolígrafos de los críos en el colegio no tienen conciencia de sí mismos? Estamos hablando de un problema puramente práctico, de espacio reducido, no ontológico. Uno podría alegar que “para qué quieres hacer inteligente una lavadora”. Bueno, el problema con los inventos nunca ha estado en la racionalidad de su aplicación, asignatura donde los humanos siempre tendemos a sacar mala nota. Si se puede, hay alguien por ahí fuera que lo hace, sea una estupidez o no.

Creo que Asimov dotó de IA a sus robots y a nada más en su universo porque tenían aspecto humano, y le interesaba ese conflicto entre lo que es humano y lo que sólo parece humano, pero no lo es. Y es que habría poco glamour en los debates filosóficos entre un humano y una lavadora, ¿no creéis?

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de lordofthemetaverso

2 comentarios el “METER LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN UN MALETÍN

  1. Hombre, yo me he encontrado un par de veces hablándole a la lavadora… sobre todo cuando estoy cargada de ropa hasta las orejas y la condenada no quiere lavarla toda de una vez. Sería un detalle que tuviera uno de esos cerebritos y al menos se disculpara…

    Hablando en serio, estoy de acuerdo contigo en lo de la miniaturización. Pero diría que no es que Isaac Asimov sea más filósofo que científico. Lo suyo es ciencia ficción, al fin y al cabo, no ciencia. El tema está en que PIENSA. Y pensar sigue su curso, y aunque por el camino plantea hipótesis con el que generar buenas historias, también sirve para hacer que la ciencia se desarrolle. Y por tanto, al pensar y hacernos pensar, Isaac Asimov contribuye a la ciencia…

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