ESTE LIBRO ES UNA BASURA

Cuando yo era joven (más joven, je je) y me compraba un libro que no llegaba a entender, no le echaba la culpa al libro. Primero me preguntaba si no sería yo quien no estaba a la altura, y si carecía de los mecanismos o de las referencias culturales necesarias para entender la trama. Luego, si veía que en efecto sí que poseía esas referencias y que era el libro el que estaba mal construido, entonces lo tildaba de malo, y le decía a mis amigos que no se lo compraran porque no merecía la pena.
Hoy en día, las corrientes de opinión que se generan en la Red sobre los libros no pasan por ese estadio de “auto análisis del lector”, sino que van directamente a criticar el libro. Hoy, un lector frustrado porque no ha entendido un libro o no ha logrado engancharse a los personajes no se pregunta si en realidad es fallo de él, porque como lector no da la talla, sino que automáticamente le echa la culpa al libro. “Es que este libro es una mierda”, suele ser una frase muy común en los foros de “crítica” (fíjense cómo lo entrecomillo) literaria. “Es que la trama es un lío y no me gustaron los personajes”. El lector no es el culpable de no llegar a un listón mínimo, que es el que a lo mejor el texto exigía, sino que el culpable es el libro porque no está a su nivel.
Este es un mal endémico de Internet que cada vez se extiende más. Y las culpables de esto, por supuesto, son las editoriales, pues durante las últimas décadas han ido rebajando el nivel literario de los libros para adaptarlos al lector masivo, ese que no se esfuerza nada y quiere que se lo den todo masticado, en lugar de intentar elevar el nivel medio de calidad de ese lector. Es la obra la que se rebaja para adecuarse a las exigencias de un público que cada día tiene menos nivel intelectual, y no al contrario. La propia Academia Española de la Lengua, con sus reformas de las leyes ortográficas tendentes a la simplificación, refuerza esta tendencia (¿Quitarle el acento al “solo”, en todos los casos? Claro, rebajemos le nivel del diccionario en lugar de subir el nivel de los escribientes, así habrá menos faltas de ortografía). La consecuencia de haber criado a un tipo de lector aborregado y MacDonaldista que está acostumbrado a que los libros estén prefabricados pensando en él y en su nivel intelectual, es que cuando ese lector paga 17 euros por un libro y no lo entiende, no se haga ni una mínima autocrítica (porque claro, la culpa no es suya, hasta ahí podríamos llegar); es que el libro es muy malo. Es el libro el que está mal escrito por ser demasiado complejo para un lector como él. Claro que sí.

de lordofthemetaverso

I.R.I.s

Vivimos en un mundo con un gran acceso a la información, al menos en países como España. El poder tener un aparatito que ponga en tu mano en cualquier momento el conocimiento universal, o al menos una forma rápida de llegar a él, es uno de los grandes inventos de la humanidad, quizá incluso mejor que el bocata de chorizo. Eso ha generado un nuevo término, el del “hombre expandido” (y mujer, no se me ofendan las chicas) que viene a significar el hombre con acceso total a una dimensión extra de conocimientos que lo expande y mejora. Ahora bien, de toda la gente que habita nuestra sociedad, la realidad es que sólo unos pocos son “hombres expandidos”, y la mayoría son “I.R.I.” ¿Que qué es un IRI? Lo explico a continuación:
Cada vez hay más gente, tanto joven como mayor, que no se molesta en memorizar conocimientos porque se supone que están ahí, a su alrededor, flotando en la nube. Como la gente ha aprendido que puede acceder a ellos en cualquier momento, no se molesta en memorizar una base mínima de datos, sino que lo que hace es refinar unas estructuras y mecanismos de búsqueda para llegar a esa información con un mínimo esfuerzo. No son enciclopedias, sino buscadores. Ese fenómeno se ve cada día más sobre todo en la gente joven, la cual, frente a cualquier pregunta, acuden al móvil para que Google se las resuelva. ¿Es bueno esto? ¿Ese ese buscador humano un ser humano más eficiente que el que almacena conocimientos por sí mismo, sin depender de una fuente exterior? Mi tesis es que no. La cosa es que si tú no memorizas nada, entonces no dispones de un punto de partida desde el cual tender los rayos centrífugos de búsqueda de la información. En otras palabras: que aunque la información esté ahí y te rodee, si tú no sabes que esa información existe, no generarás ni el interés ni siquiera el conocimiento de que debes buscarla. Un ejemplo: la mayoría de la gente desconoce cuántos planetas con anillos tiene nuestro sistema solar. O qué pueblo europeo fue el primero en llegar a América. Si no tienen de antemano unos conocimientos previos que les induzcan a pensar que no sólo Saturno tiene anillos, o que Colón no fue el primero, ni siquiera se molestarán en ir a buscar esa info. El hombre expandido es el que ya es culto de por sí, y usa la nube de datos de Internet para expandir esa cultura. El que no sabe nada y confía en que los datos están ahí, y sólo tiene que apretar un botón para llegar a ellos, está cayendo en una trampa mortal, pues aunque tenga buenas herramientas de búsqueda no sabrá ponerle un punto de partida ni un objetivo a esa búsqueda. Es un IRI, o “Inculto Rodeado de Información”, cual Eloi pastando en un campo de hierba. ¿Ah, que no sabes lo que es un Eloi? ¿A que jamás se te habría ocurrido buscarlo?

de lordofthemetaverso