psicopompo

Ayer estaba leyendo un número de la revista Nueva Dimensión, en concreto el 143 con fecha de portada marzo de 1982. En él, entre otros excelentes relatos, viene uno titulado “la luna pálida” de un jovenzuelo llamado Rafael Marín (no es por hacerte sentir viejo, Rafa, pero yo en el 82 tenía ocho años), y varios artículos y cartas de los tristemente desaparecidos Juan Carlos Planells y Javier Redal. Y pensé, “madre mía, esta gente ya estaba ahí luchando por la CF cuando yo todavía era un niño de teta, casi.” A ninguno de los dos los conocí en vida, ni a Planells ni a Redal. Con Redal me crucé una vez, de pasada, creo que en la Hispacón de Mislata, pero no hablamos mucho. Y de Planells lo único que sé es que era uno de los mayores expertos en Dick que teníamos en España, con permiso de Capanna, como dicen en un blog. Y un buen memorialista del fandom. A diferencia de mucha gente joven, que no le importa una mierda quién vino antes que ellos y lo que hicieron, yo siempre sentí un profundo respeto hacia la gente que estaba ahí antes que yo, por sus logros y también (por qué no decirlo) por sus equivocaciones. Siempre pensé que uno tiene que saber en qué punto se halla el mundo al que llega, en el que intenta integrarse, para saber qué se hizo antes de que él llegara y qué queda por hacer después. Por eso siempre intenté llevarme bien con gente a la que yo leía cuando todavía era un chavalín que no peinaba canas, pues me fascinaba conocerles por fin en persona. Con algunos nunca lo logré, como es el caso de Miquel Barceló (siempre me dio la impresión de que cuando yo llegué al fandom él ya estaba de vuelta y muy amargado, muy a la defensiva hacia todo y todos, quizá por una acumulación no merecida de fracasos), y con otros llegué tarde (como con Domingo Santos, con quién sólo tomé un café en la Hispacón de Zaragoza, magra cosecha para glosar sobre una persona clave para entender el mundo de la CF española. Luego me enteré de que odiaba los juegos de rol, a los que acusaba de “robarle” espacio en las estanterías a la genuina ciencia ficción, y me reí mucho, pues yo siempre he sido un rolero quijotesco). En fin, memorias de gente que vino y se fue… Con otros que llegaron antes que yo sí que he tenido mucha suerte por haberme llevado bien, como es el caso de Rafa, Juanmi, Rudy, y gente a la que he llegado a considerar hermana. A veces me pregunto cómo será cuando yo me haya ido. Cuando la gente está viva y trabajando desarrollamos hacia ellos unas actitudes que pueden variar entre el “qué pedante es este tío, ya está otra vez con sus insufribles artículos de opinión” y el “cómo te idolatro, oh gran gurú de las telepolémicas, ilumíname con tu última salida de tono friki”. Hay muchos escalones en medio, algunos positivos y otros negativos. ¿Pensarán de mí que fui un escritor de segunda fila que simplemente se supo vender bien, y que por eso publicó tanto? (en detrimento de otros que quizá merecían ese honor más que yo), ¿o pensarán que cuando yo me vaya la Fantasía y la CF españolas se quedarán cojas, en cierto modo, y que tendrá que venir alguien tan loco como yo para rellenar ese hueco? ¿Llegará algún día un joven que ahora tiene ocho años y que compra novelas mías, cuando llegue a adulto, queriendo llevarse bien conmigo porque yo represento la luz que iluminó su camino cuando (parafraseando a Tolkien) todas las demás luces se apagaron? ¿Pasaré de él como Barceló o Alejo Cuervo pasaron de mí? No sé. En los últimos 15 años he publicado 41 libros, por lo que, si todo va bien y sigo a este ritmo, podré ser capaz de escribir otros 41 antes de morirme. Quién sabe. Entonces seré otra de esas cuentas fantasma en FB de gente que ya se marchó pero que todavía reciben montones de solicitudes al día para entablar amistad. O a lo mejor me convierto en un psicopompo de la CF y dejo preñada a alguna vestal. Buen tema para un cuento.

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de lordofthemetaverso